Música, compositora, cantante, docente. Alma poderosa entregada al arte musical. Con La Familia de Ukeleles encontró su lugar en el mundo. Hace y disfruta, nada fácil en los tiempos de hoy. Entra en La Cueva: Melisa Muñiz…

¿Cuál es la primera imagen que tenés con la música?

Tengo dos imágenes muy marcadas de mi infancia. La primera es cuando era chica y tenía el vinilo de “Thriller” de Michael Jackson. Es el primer vinilo que aprendí a poner en el reproductor yo sola. Fue una de las primeras experiencias de escuchar un disco mil veces teniendo 5 o 6 años. Mis viejos laburaban mucho y me cuidaba una chica que pobre la volví loca con Michael Jackson, debería odiarlo (risas). Yo me la pasaba bailando.

El otro registro es que mi vieja, cuando yo era chica, me compuso una canción de cuna. La recuerdo perfectamente.

¿Tu mamá tocaba en algún lado? ¿Era música?

No. Mi mamá tocó la guitarra de oído. Tocaba la guitarra y cantaba con una amiga pero nunca se instruyó con la música. Todo de hobbie cuando era chica. Y lo último que hizo fue tocar y cantarme a mi cuando era chica. Cuando yo tenía 10 años ya lo dejó de hacer. Ella trabajaba mucho, era abogada y nunca desarrolló esa parte artística pero la verdad que la tenía a flor de piel. Le salía natural como un juego.

¿Del disco de Michael Jackson a la Melisa profesional como te fuiste metiendo en la música?

Yo tenía 15 años. Me gustaba un chico que tocaba el bajo. Y la historia empezó así. Me compré una guitarra eléctrica sin saber como sonaba ni nada. Solo por el color. Muy sola, nunca tuve amigos que tocaran, en mi familia solo mi vieja pero de hobbie, ella nunca fue rockera. Yo entré por ese lado del rock.

¿A quién le termina ganando la Melisa música? ¿Qué te gustaría haber hecho si no era éste tu camino?

Le ganó a la artista. Me hubiera gustado pintar. Algo que nunca hice. En el fondo le ganó al Derecho, que fue la profesión familiar. Pensaba de chica que me iba a dedicar a eso. Llegué anotarme en el CBC y dije “esto no es para mi, me quiero dedicar a la música, ¿qué carajo hago acá?” Y a los dos meses me anoté en la Escuela de Música. 

¿Entraste por el rock pero cómo llegaste a los géneros que hacés actualmente? Además tenés otras bandas…

Son las experiencias de cada uno. Yo tuve la suerte de siempre tener una banda. Yo me compré la primera guitarra a los 15 y los 16 ya tenía dos bandas. Una se llamaba NKM, banda de punk melódico al estilo Green Day y Ataque 77, y otra era la del colegio que se llamaba Red Light Panic. Nos dirigía el profesor de música, él armaba los arreglos y estaba con chicos que hacían música hace años. Se notaba que recién arrancaba yo. Me convocaron por cantar en la banda de punk porque no tenían cantante. Pero yo en realidad, quería tocar la guitarra. Siempre fui afinada pero cantaba de oído. Y esa fue mi primera ventana a la música. Me voló la cabeza porque tocábamos temas de Frank Zappa

Frank Zappa cuando saca “Hot Rats” en 1969 cambia el rock para siempre…

Justamente. Hacíamos un tema de ése disco. Y me cambió la cabeza. Me di cuenta que me gustaba cantar. Me empecé a meter en esa onda rockera y me metí en la EMBA (Escuela de Música de Buenos Aires) que es muy jazzera. Me empecé a inclinar por esos géneros.

Y llegaste a los géneros actuales. No te encasillaste

A los músicos les gustan todos los géneros. Si entras en el mundo hay belleza musical en todos los géneros. Me empezó a gustar el jazz. Tenía una amiga que me introdujo con las chicas de “Las Taradas”, canté muchos años con ellas, ahí me metí con la música acústica y la mezcla de géneros. Y la cabeza empieza a volar y a mutar.

El blues es muy amigo del rock, se siente, te hace vibrar, es algo físico también. No es tan intelectual como tal vez otros géneros. Uno va entrenando la oreja y lo que le gusta. La base de lo que nosotros hacemos, también con “Bourbon Sweethearts” y con otra banda “Muñiz-Núñez Dúo/ Quinteto” es eso. En todas las bandas más allá de los estilos nos gustan las canciones. “LAS CANCIONES”.

Haces muchas cosas, componés, cantás, tocás instrumentos…

No me puedo quejar. Me encanta, tengo una vida privilegiada. Me dedico a lo que me gusta, toco la música que me gusta con gente que adoro. Vale la pena el esfuerzo.

¿Cómo es un show de La Familia de Ukeleles?

Nuestro show es bastante especial. Trabajamos con distintos géneros. El 95 % de lo que tocamos es música de nuestra autoría, dentro de géneros como swing, folk, vals, boleros, calypso, música hawaiana, etc. Hay un poco de fusión de ellos en sí mismos. Son momentos para bailar, para chapar, para disfrutar.

Van por el tercer disco. Cada canción es una experiencia nueva. Por los arreglos parecen una banda que toca hace 20 años…

La verdad que somos como una familia de verdad. Hermanalmente, emocionalmente. El nombre originalmente viene de ése lugar. Por más que los integrantes fueron mutando va por ése lugar. Toda esa coloratura que tiene la banda se nota

La Familia de Ukeleles solo es el nombre. Ustedes no tienen parentesco entre si. ¿Los unió la música?

No tenemos parentesco. Nos unió la música. Nos conocimos por compartir escenarios con otras bandas a las que pertenecíamos. Yo conocía Matías Martinelli, que es el otro cantante de la banda. Él también conocía a Adrián Capresi y Damián Manfredi. Y ya tocaban ellos. Yo luego empecé a tocar el ukelele y a juntarme con Matías y me dijo “yo tengo ganas de armar una banda de ukeleles y quiero que vos seas mi socia”. Así que llamamos a amigos que le gustaba la música acústica, que se sentían identificados con esto. Y fue muy cómodo. Nos sentíamos en Disney…