1 de junio de 2023

Por Martín Vizzotti

La banda de Mike Ness dio con su tercer disco un interesante giro al combinar su sonido áspero con influencias countries y rockabillies. La banda decidió dejar el punk puro y duro para vadear las aguas del country y el rock and roll primigenio, y de este modo, las canciones cobran altura y profundidad.

Esto no significa que el sonido se ablande o la actitud punk se morigere o diluya, al contrario, es precisamente en el abordaje casi rockabilly y en los colores de Johnny Cash donde la dureza hardcore logra efectividad y sinceridad, al presentarse no dura y ruda, sino vulnerable y ensimismada. Ness marida muy bien su persona de though boy con el tono confesional de un beautiful looser que mastica bronca y frustración mientras comparte una barra con Chinasky o Bandini, rumiando desencantado los ideales fallidos de su juventud.

Los dos primeros temas (So far Away y Let it be Me) ofician casi de transición entre el estilo del disco anterior (Prision Bound, 1988) y el que nos ocupa. En ellos podemos vislumbrar algo de la pluma que adornará las canciones que le siguen. Musicalmente nos ofrecen un punk melódico interesante, aunque quizás genérico. Ness sabe jugar con sus limitaciones y logra un registro vocal acorde a la propuesta, aprovechando su debilidad vocal para agregar pathos y sinceridad a su performance.

Aparece entonces Story of my Life y el disco levanta mucho, el bajo con aires rockabilly es acompañado por una simple y efectiva melodía de guitarra y voz que resuelven en un punk con aires campiranos (cowpunk dicen por ahí en las redes) que sustentan la confesión retrospectiva de decepciones, desengaños y soledad. Sick boys oficia de sólido puente entre dos temas centrales del álbum y resulta más una cariñosa descripción del habitus punk de la costa Oeste que una rabieta rebelde. Y logra, en el marco lírico del disco, con sus elucubraciones cansadas y desencantadas, una profundidad sincera y diferente.

Ring of Fire es una declaración de principios y es un gran hit donde el tempo y las guitarras filosas dan personalidad a un tema mil veces versionado. Social Distortion se inscribe de manera efectiva una tradición particular, logrando con humildad y respeto lo que una pretendida innovación sólo podría empeorar, y sale un temazo.  Ball and Chain: posee un aire acústico que, sin ser balada, mantiene el aire country donde la  figura de Johnny Cash se insinúa en las melodías y el tono en general. It could have been me nos ofrece una armónica sureña la cual, nuevamente, da color sin quitar energía. Lamentablemente, hay que reconocerlo, las colores countries y las pinceladas à la Johnny Cash de pierden en las dos canciones siguientes y sólo resurgen tímidamente en la armónica final.

En definitiva, un gran disco cuando la banda flirtea con los aires countries y rockabilies que decae un poco cuando el ímpetu punk eclipsa el costado innovador.

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